No sabes todo el papel que se desperdicia cada día en una empresa, en serio: folios con datos de inventario, documentos de clientes, facturas impresas que luego acaban dobladas encima de una mesa o directamente en la basura… Y, mientras tanto, todo el mundo hablando de cuidar el planeta. Como los supermercados, que te dicen que te van a cobrar 5 céntimos por la bolsa para no contaminar el medio ambiente y que te la traigas tú de casa, pero siguen vendiendo 50.000 productos envueltos en plástico sin que haga falta, como los plátanos envueltos en plástico.
Pero ya no hace falta usar tanto papel, porque ahora se puede hacer casi todo desde un ordenador o un móvil gracias a las apps y a los programas informáticos. Aun así, sigue existiendo esa obsesión con tenerlo todo en papel “por seguridad”.
Y claro, el problema de todo esto es que detrás de cada hoja hay árboles talados, agua desperdiciada, fábricas contaminando y camiones moviendo toneladas de papel de un lado a otro. Todo para mantener una costumbre que ya podría estar muchísimo más reducida…
Llega un punto en el que seguir gastando papel empieza a sentirse absurdo.
La obsesión absurda de imprimirlo todo
Me da bastante rabia porque gran parte de ese papel ni siquiera es necesario: hay empresas que imprimen correos electrónicos, y no uno de vez en cuando, sino páginas y páginas. Se imprime todo por si acaso, se guarda por si acaso y se hacen copias de seguridad por si acaso, y al final el “por si acaso” son toneladas de papel desperdiciado. Y mientras tanto seguimos talando bosques como si no hubiese un mañana.
Lo peor es que mucha gente ni siquiera tiene interés en saber de dónde viene el papel. Pues es hora de que sepas que detrás hay árboles reales que tardan años en crecer y tan solo unos pocos minutos en desaparecer. Y sí, reciclar ayuda, claro que ayuda, pero no arregla el problema, porque, aunque el papel se recicle, sigue existiendo un consumo brutal que podría reducirse muchísimo usando herramientas digitales.
Hay soluciones desde hace años, pero se siguen imprimiendo cien páginas porque sí.
Cada factura impresa tiene un coste ambiental enorme
Cuando millones de empresas imprimen facturas todos los días, ahí es cuando aparece el verdadero problema.
Una factura implica papel, tinta, electricidad y transporte. Y claro, por una sola hoja no pasa nada, pero es que no es solo una, son miles de empresas imprimiendo facturas y documentos todos los días. Y es un problema porque ya podrían enviarse digitalmente en segundos sin gastar absolutamente nada físico. Además, esas facturas se imprimen, se miran durante dos segundos y se archivan, o directamente se destruyen o se tiran a la papelera, o sea que realmente no han servido de mucho. La realidad es que se crea un impacto ambiental enorme para un documento que probablemente nadie volverá a mirar jamás.
La factura electrónica, como nos explican desde Erploop, empresa que ha creado un programa de facturación electrónica para pymes, autónomos y despachos, no es más que una app o un programa donde creas tu factura y se la envías digitalmente a tu cliente para que la revise. Así que ya empieza a verse lo totalmente absurdo que es seguir manteniendo la costumbre de enviarla impresa. Si puedes enviarla por correo o incluso por WhatsApp, ¿por qué seguir imprimiendo y gastando papel? Papel que hace tantísimo daño al medio ambiente.
Los árboles no son recursos infinitos
Un árbol tarda años en crecer, muchísimos años, pero destruirlo se hace en apenas unos segundos. Y si encima hay miles de millones de personas en el mundo utilizándolo como si fuese un recurso que nunca se acaba, el problema se hace todavía mucho más grande.
Y sí, existen plantaciones controladas y reforestación en algunos casos para que esto no sea tan agresivo para el planeta, pero eso no elimina el impacto ambiental ni hace que el consumo masivo sea algo sostenible. Si seguimos consumiendo papel a esa velocidad, dará igual la reforestación que hagamos: tarde o temprano será insostenible y el planeta y la naturaleza pagarán muy caras las consecuencias de nuestro consumismo.
Por eso, quédate con esta idea: cuantos menos árboles se talen, mejor para todos, porque habrá más oxígeno, más biodiversidad y se destruirán menos ecosistemas.
El agua para fabricar papel
Para fabricar papel se necesitan cantidades enormes de agua, muchísima más de la que normalmente imaginamos. No es solo usarla y ya está, porque gran parte de esa agua termina contaminada con productos químicos utilizados durante el proceso industrial. Y todo para un documento que podría haberse enviado por correo electrónico en menos de diez segundos.
Y claro, mientras usamos papel como si no costase nada producirlo, al mismo tiempo hablamos preocupados de sequías, restricciones de agua y crisis climática, como si una cosa no tuviese nada que ver con la otra. Si te fijas, la contradicción es enorme, porque por un lado intentamos ahorrar agua en casa y cerramos el grifo incluso al lavarnos los dientes, y por otro lado gastamos cantidades brutales de agua para fabricar papel que muchas veces termina en una papelera.
Me da un poco de rabia pensar que gran parte de ese consumo podría reducirse usando sistemas digitales. La factura electrónica no va a salvar el planeta mágicamente, pero sí va a ayudar a reducir un consumo absurdo de recursos que está totalmente fuera de lugar.
El reciclaje no arregla todo, aunque nos lo vendan así
A veces tengo la sensación de que el reciclaje se usa como excusa para seguir consumiendo, como si tirar algo al contenedor correcto ya fuese la solución para toda la contaminación del planeta. Y ojalá fuese tan fácil, pero no es así.
El problema de todo esto no es solo la falta de reciclaje, sino también la cantidad absurda de cosas que compramos, usamos dos veces y luego olvidamos completamente. O directamente las usamos dos veces y ya está. Me pongo de ejemplo: me encantan los cuadernos bonitos, pero NUNCA los uso. Me encanta pensar en qué los usaré, pero todo se queda en la idea, y luego acumulo, sin exagerar, 10 o 15 libretas súper bonitas que, con suerte, solo usaré una vez para apuntar una tontería. ¿Ves a dónde quiero llegar? Pues esto pasa con todo.
Lo más curioso es que luego llega el momento “ecológico” del día y todo el mundo se siente súper orgulloso porque, en vez de tirarlo todo al orgánico, lo echa en el contenedor del papel y ya siente que ha hecho la buena acción del día. La realidad es que, mientras tanto, seguimos comprando folios e imprimiendo documentos que ni siquiera vamos a usar.
Beneficios de la factura electrónica por encima de la de papel
- Se deja de gastar toneladas de papel: La diferencia más evidente es esa. Con la factura electrónica ya no hace falta imprimir hojas constantemente para guardarlas en carpetas. Al usarse menos papel, se talan menos árboles. El mejor beneficio.
- Todo está mucho más organizado: Encontrar una factura en papel puede ser complicado si no eres organizado, porque hay muchas carpetas, archivadores y cajones con documentos mezclados. En digital se encuentra todo en segundos con un buscador, aunque sea una factura de hace ocho meses.
- Se pierde muchísimo menos tiempo: Al tener que imprimir, firmar, escanear, guardar y enviar documentos físicos se pierde muchísimo tiempo. Con la factura electrónica todo se hace en minutos desde un ordenador o incluso desde el móvil.
- Se evita muchísimo desperdicio: Con el papel siempre hay impresiones fallidas, hojas repetidas o documentos que se imprimen “por si acaso” y terminan en la basura. En digital todo eso desaparece casi por completo.
- Se puede trabajar desde cualquier sitio: No hace falta estar presente físicamente para revisar facturas o enviar documentos, porque todo queda guardado online. Puedes consultarlo desde la oficina, desde casa o desde donde te encuentres.
- Se gasta menos dinero: Parece una tontería, pero el papel, la tinta, las impresoras y el almacenamiento físico cuestan muchísimo dinero. La factura electrónica reduce muchos de esos gastos.
- Es bastante más ecológica: Como hay menos papel, también hay menos contaminación, menos transporte y menos consumo de recursos naturales. Y sinceramente, viendo todo lo que se desperdicia hoy en día, cualquier reducción es importantísima para mí.
Al final el planeta no se destruye solo, lo vamos destrozando entre todos poco a poco
No sé tú, pero a mí me cuesta bastante mirar a mi alrededor y no sentirme un poco culpable por cómo hacemos las cosas. Como, por ejemplo, con las libretas que no uso y tengo simplemente porque me da la gana tenerlas.
Sí, es verdad que las grandes empresas contaminan muchísimo y que hay industrias enteras haciendo barbaridades todos los días, pero nosotros también tenemos ciertas costumbres muy malas que contaminan muchísimo, y no debería ser así. El simple hecho de usar plástico al ir a comprar, en vez de llevar una bolsa de tela, ya es un ejemplo, y como ese hay muchísimos más.
Y lo peor es que muchas veces ni nos damos cuenta de todas las cosas innecesarias que hacemos cada día, porque las tenemos tan normalizadas que parece que no pasa nada: comprar ropa porque está barata aunque luego se quede años en el armario, pedir comida con veinte envoltorios de plástico para una cena de diez minutos o usar folios para apuntar literalmente dos tonterías y después tirarlos a la basura. Son cosas pequeñas, sí, pero si las hacemos constantemente entre todos, terminan contaminando muchísimo.
A mí me pasa muchísimo con el papel, ya lo comenté antes: tengo hojas llenas de apuntes inútiles, tickets viejos, cajas llenas de cosas que “algún día” voy a usar pero que sé perfectamente que nunca voy a tocar… Me da un poco de miedo pensar en toda la cantidad de basura que genero simplemente por consumir sin pensar demasiado. Y me gustaría que tú también pensases en eso.
Siento que vivimos en una época donde lo tenemos todo al alcance de la mano, porque tenemos más comodidades que nunca, pero a la vez lo desperdiciamos todo y lo tiramos apenas sin usarlo, como si las cosas ya no tuviesen valor. Antes una libreta se terminaba entera, ahora se usan tres páginas y ya queremos otra porque la portada es más bonita o porque estaba en oferta. El problema es que, entre fabricar la libreta, transportarla hasta la tienda y que luego tú la uses, hay un proceso enorme detrás que contamina muchísimo y que daña los árboles.
Yo, como empresaria, he tenido que pasarme a la factura digital porque entre imprimir documentos, facturas, copias, listas, correos… Dios mío, se usa una cantidad enorme de papel que no me había dado cuenta hasta que me paré a pensarlo. Y cuando pienso en que quiero proteger el medio ambiente, me siento hipócrita porque sé que también le estoy haciendo daño.
Me parece bastante fuerte que algunas empresas intenten hacernos sentir culpables mientras ellas contaminan muchísimo más que nosotros, como cobrarte una bolsa porque “hay que cuidar el planeta” pero luego ponerse a vender productos envueltos en plástico absurdo por todas partes, como los plátanos en bandejas de plástico. Plátanos, una fruta que literalmente ya viene protegida por la naturaleza.
De verdad, no quiero comerte la cabeza. No hace falta que te conviertas de la noche a la mañana en la persona más ecológica del planeta ni que dejes de vivir o consumir absolutamente nada. Estamos vivos, hay que hacer cosas, eso es indiscutible… pero sí te pido que empieces a usar un poco más la cabeza, que compres menos cosas inútiles, desperdicies menos papel, reutilices más y dejes de consumir por impulso como si el mundo fuese a desaparecer.
El planeta no se rompe de golpe un día cualquiera, se va destruyendo poquito a poco con millones de pequeñas acciones que no parecen demasiado graves… hasta que todas juntas acaban con este maravilloso planeta que Dios nos ha dejado.



