Lanzarote

Descubre el Lanzarote de Cesar Manrique.

Una de las razones que tenemos para visitar la isla de Lanzarote es contemplar la obra de Cesar Manrique. Uno de los arquitectos más innovadores y rupturistas del siglo XX. Un estilo de arquitectura completamente integrado en el espacio natural que lo rodea.

Hablar de Lanzarote es, en gran medida, hablar de César Manrique, una de las figuras artísticas más influyentes del siglo XX en España y un creador profundamente ligado a la identidad de su isla natal. Nacido en Arrecife, capital de Lanzarote, en 1919, Manrique desarrolló desde joven una sensibilidad artística marcada por la admiración del paisaje y la relación entre el ser humano y la naturaleza. Un vínculo que definiría toda su obra.

Se formó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, durante la década de los cuarenta, donde inició su carrera como pintor y escultor, influido por el surrealismo y las corrientes artísticas de vanguardia. Su inquietud creativa le llevó a explorar otros campos, como el diseño, la arquitectura y el urbanismo, convirtiéndose en un artista multidisciplinar difícil de encasillar. A lo largo de su carrera participó en proyectos de proyección internacional, como los Art Cars de BMW, y el diseño del Centro Comercial La Vaguada, en Madrid.

Tras una etapa en Nueva York, regresó definitivamente a Lanzarote en 1966, coincidiendo con el inicio del desarrollo turístico de la isla. Su objetivo fue demostrar que era posible crecer sin destruir el paisaje, apostando por una arquitectura integrada y respetuosa con el entorno natural. De esa visión surgirían algunos de los espacios más emblemáticos de la isla, hoy reconocidos a nivel mundial.

Su legado está muy presente en Lanzarote, incluso desde el primer contacto del visitante con la isla. El aeropuerto lleva el nombre de Aeropuerto César Manrique–Lanzarote y está decorado con murales que el artista realizó en los años cincuenta.

Conocer la obra de Cesar Manrique implica recorrer Lanzarote. Las creaciones del artista están dispersas por toda la isla. Un tour que es impensable efectuar en un solo día. Para esta excursión necesitamos alojamiento. El blog de la página web de Alohey, una de las agencias inmobiliarias referentes en Lanzarote, opina que para buscar alojamiento en la isla debemos tener en cuenta la ubicación de la casa o apartamento, el presupuesto que queremos gastar y leer las opiniones y reseñas que han dejado los visitantes anteriores.

No es tarea sencilla, pues esto solo es una muestra de lo que Cesar Manrique dejó en Lanzarote:

Los Jameos del Agua.

La web de fotografía y turismo Capture the Atlas sitúa a los Jameos del Agua como la obra más destacada de Cesar Manrique en Lanzarote. La intervención del hombre para transformar un fenómeno geológico natural en un espacio social que potencia la belleza del entorno.

Durante la configuración de la isla, hace miles de años, en una de las erupciones del volcán de la Corona, uno de los más importantes de Lanzarote, el agua filtró las coladas de lava, creando tubos volcánicos subterráneos. Estos mismos tubos, los aprovecha Cesar Manrique para crear una piscina natural, utilizando el lago subterráneo de la cueva, y un auditorio con capacidad para 6.000 personas. Este es el Jameo Grande. No muy lejos de él, se encuentra el Jameo Pequeño, habilitado como un restaurante, donde las paredes de roca volcánica configuran el perímetro del comedor.

Una obra de arquitectura de las que hay pocas en el mundo. Donde las propias formaciones naturales albergan, en forma de edificio, actividades sociales, culturales y de ocio que realiza el hombre, sin alterar la naturaleza.

El mirador del río.

Los Jameos del agua no son, ni mucho menos, la única muestra del trabajo de Cesar Manrique en Lanzarote. Otra de sus creaciones más visitadas es el mirador del río, en el Risco de Famara. Uno de los puntos más altos de la isla, a 470 metros de altitud.

Situado al norte de la isla, desde el mirador se puede divisar el archipiélago Chinijo, un conjunto de islas e islotes semi-vírgenes ubicados entre Lanzarote y Fuerteventura. Siendo la Isla de la Graciosa, la isla más grande y representativa.

En esta ocasión, Manrique habilitó el camino natural que conducía hasta la peña y lo protegió con una baranda de madera. Hoy, hasta el mirador, se puede llegar andando desde la caleta de Famara. Un antiguo poblado de pescadores, pedanía del municipio de Teguise.

Nos puede parecer un trabajo sencillo, pero refleja un profundo conocimiento de la geografía natural de la isla, por parte del arquitecto, y un respeto exquisito por la orografía, la cual no altera, en lo sustancial, en ningún momento.

Con este trabajo, Manrique pone en valor una de las maravillas que la naturaleza que Lanzarote ofrece al residente y al visitante.

El jardín del Cactus.

Utilizando el trazado de una antigua cantera de roca volcánica, Cesar Manrique dio forma a uno de sus proyectos más personales. Un jardín en espiral, que va descendiendo a las profundidades, a cielo abierto, usando los caminos de piedra que transitaban los canteros, para exhibir más de 10.000 ejemplares de cactus de 1.400 especies distintas, procedentes de los 5 continentes.

En este parque botánico de 5.000 metros cuadrados, Manrique rinde tributo a uno de los elementos más característicos de la naturaleza canaria, el cactus, y lo relaciona con el planeta. Poniendo de manifiesto como la identidad canaria forma parte de un todo más amplio y más global.

Los viajes de Cesar Manrique por el mundo le hicieron añorar su tierra. Le enseñaron a apreciar la belleza de aquella isla agreste en la que creció. Pero también le mostraron, que con todo lo peculiar que es Lanzarote, tampoco es tan distinta al resto del mundo. En todos los lugares parecidos crecen cactus. Y Manrique se los quiso llevar a aquella cantera abandonada.

El restaurante El Diablo.

Desde que en los años 60, Cesar Manrique quiso emplear su isla de origen como escenario para sus creaciones, como un gran museo, nunca deseó enfrentar el turismo con el patrimonio natural, sino que ambos vivieran en armonía.

Hasta aquel momento, la vida en la isla era dura. Un terreno bello, pero áspero. Con pobres tierras de cultivo. El turismo representaba una interesante fuente de ingresos para los habitantes del lugar. Una oportunidad. Manrique quiso enseñar su isla como quien enseña su casa a un invitado, pero sin olvidar que aquello debía reportar riqueza para sus paisanos.

Uno de los proyectos más curiosos en este sentido fue el diseño del Restaurante El Diablo. Un restaurante ubicado en el cráter de un volcán (La Montaña del Fuego), dentro del Parque Nacional de Timanfaya, donde se aprovecha el calor que desprende el interior del volcán para cocinar los alimentos.

Comer en este restaurante es una experiencia única. Desde por su propio diseño vanguardista: un círculo, con paredes de cristal, que permite contemplar la tierra volcánica que lo rodea, hasta por el sabor de sus carnes y verduras, asadas sobre una fuente de calor inagotable, en continuo funcionamiento.

Un proyecto este, en el que para ejecutarlo fue necesario mucho más que tener conocimientos de arquitectura y paisajismo. Había que aplicar principios de física y de geología para poner al servicio del hombre, la energía que desprende el volcán.

El taro de Tahíche.

Conocida en Lanzarote como la casa del volcán, este es el lugar donde Cesar Manrique vivió durante 20 años, cuando regresó de Nueva York. Hoy es la sede de la fundación que lleva su nombre.

Un taro es un refugio que utilizaban en otro tiempo los pastores. La base de esta construcción son abrigos rocosos y cuevas que la extensión caprichosa de la lava va creando a su paso.

Manrique ya conocía el lugar. Solo que mientras que donde otros veían ruinas, un lugar sin interés, Manrique apreció todo su potencial y construyó allí una vivienda. Al visitarla podemos ver como el arquitecto aprovecha las burbujas que crea la roca, para fijar en ellas habitaciones.

En la actualidad, el Taro de Tahíche funciona como museo y sala de exposiciones. Junto a muebles y pertenecías que en su día utilizó Cesar Manrique, podemos encontrar esculturas suyas y pinturas realizadas con fósiles.

La casa museo.

En el municipio de Haría se halla la casa del Palmeral. Otra de las casas que diseño Cesar Manrique y donde residió sus últimos años de vida. La web Hola Islas Canarias señala que para su edificación, Manrique partió de una antigua casa de labranza en ruinas, a la que le quiso dar un aire contemporáneo, acorde con su estilo arquitectónico.

Además de conservar muchas de las pertenencias del artista, como su taller, tal y como lo utilizaba, el museo está enfocado en difundir la visión sobre el arte que tuvo este lanzaroteño universal. Esa conexión entre el hombre y la naturaleza y la intención de darle una utilidad práctica a la creación artística.

Visitar Lanzarote para conocer la obra de Cesar Manrique es una experiencia enriquecedora donde el turismo cultural se da la mano con la admiración a la naturaleza.

 

 

 

No te detengas aquí

Más para explorar

¿Tienes fe?

Yo no soy una persona religiosa pero reconozco que a veces me gustaría creer en algo, aunque no sé en

Avalon
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.