Cómo decidí montar una frutería y los retos de emprender en España

Arranco este artículo ofreciendo algún dato. Después de muchos años trabajando por cuenta ajena y encadenando contratos temporales, decidí que quería intentar algo propio. Todo un valiente. Siempre me había gustado el trato con la gente y el producto fresco, así que la idea de montar una frutería de barrio empezó a rondarme la cabeza. La verdad es que no tenía nada de relación con ello, pero es cierto que conocía algún dato por un familiar.

No fue una decisión fácil, porque emprender en España no es sencillo, pero sentía que, si no lo intentaba, me iba a quedar con la duda toda la vida.

Los primeros pasos fueron, como casi todo aquí, lentos y llenos de papeleo. De verdad que lo de España es de traca. Se apoya al vago y se ponen trabas al que quiere emprender. Licencias, permisos, altas, impuestos… Antes incluso de vender una sola manzana, ya había gastado una buena cantidad de dinero y, sobre todo, de energía. A veces tenía la sensación de que el sistema no está pensado para ayudar al pequeño comerciante, sino más bien para ponerle obstáculos.

Abrí la frutería con mucha ilusión o eso pensaba. Elegí un local pequeño, pero bien situado, en una zona con bastante paso de gente. Incluso hizo un estudio de mercado que aprendió en la Universidad. Empecé a trabajar con proveedores locales y a madrugar para elegir la fruta y la verdura más fresca posible. Mi idea era clara: ofrecer calidad, buen trato y precios justos. Sin embargo, la realidad de los primeros meses fue bastante más dura de lo que había imaginado.

Desperdicio

Uno de los mayores problemas con los que me encontré fue el desperdicio. Por mucho cuidado que pusiera, mucha fruta se estropeaba antes de poder venderla. Y la verdad es que estaba perdiendo dinero en cada movimiento.

En verano, el calor era un enemigo constante, y en invierno, los cambios de temperatura también afectaban al producto. Cada caja de fruta que tenía que tirar era dinero perdido, y para un negocio que empieza, eso duele mucho. Llegué a pensar que quizá me había equivocado de camino, porque no era capaz de controlar las pérdidas que tenía.

Además, a todo eso se sumaban los gastos fijos. La verdad es que son muchos. Por ejemplo el alquiler, la luz, los autónomos, los muchos impuestos… Hay que reconocer que en España, mantener un pequeño comercio es una misión imposible porque cada vez hay que pagar más.

Recuerdo que hubo meses en los que apenas llegaba a cubrir gastos y otros en los que tuve que tirar de ahorros, en este caso doy las gracias a mi familia, que siempre está ahí.

Conservación

Con el tiempo empecé a darme cuenta de que la conservación del producto era fundamental. Algo en lo que no había caído. Podía tener la mejor fruta del mercado, pero si no la mantenía en las condiciones adecuadas, no servía de nada. Fue entonces cuando entendí que tenía que invertir en aislamientos térmicos y, sobre todo, en una buena refrigeración para productos hortofrutícolas. No era un gasto pequeño, pero tenía claro que era una inversión necesaria

Buscando información y recomendaciones, llegué a la empresa Frimavi. Desde el primer contacto noté que sabían de lo que hablaban y eso se agradece. Me explicaron, por ejemplo, que, en un mercado donde la calidad y la frescura son fundamentales, hay que contar con sistemas de refrigeración eficientes y confiables. Lo es porque es clave para preservar la integridad de los productos y esto se nota en cuanto estás en el mercado.

Tengo que reconocer que lo que más me gustó fue que no ofrecían soluciones estándar, fuimos directamente a cosas concretas de mi frutería. Por ejemplo, me explicaron que cada fruta y cada verdura necesita unas condiciones específicas de temperatura y humedad para mantenerse fresca y conservar sus propiedades. Algo que parece lógico pero que cuando estás metido de lleno no te enteras porque solo piensas en vender más y que cada día vengan más clientes a tu tienda.

Por último, esta empresa también me habló de la importancia de la eficiencia energética y la sostenibilidad, algo que hoy en día es imprescindible. Y es que tener un sistema que consuma menos y funcione mejor es bueno para el medio ambiente y también para el bolsillo, especialmente con los precios de la electricidad en España, y esto es algo que todos podemos dar fe de ello, ¿Verdad?

Por eso, os digo que si queréis emprender lo hagáis, pero es cierto que os teneís que rodear de personas que sepan de esto. Siempre se puede aprender.

 

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