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El slow food o alimentos de Km.0

¿Has oído hablar alguna vez del slow food o productos de km0? Sin duda, son una de las últimas tendencias en alimentación, siguiendo la estela del gusto por los alimentos bio y cultivados sin productos químicos. En realidad, fue en los años 90 cuando empezó a hablarse de slow food, como una manera de defender una alimentación basada en productos de calidad, locales y saludables. Pero fue un movimiento minoritario que no consiguió arraigar. Ahora es el más usado junto a las empresas de transporte como Ibertransit.com.

Promover el slow food significa consumir productos de la agricultura local, de temporada y ecológica, rescatar variedades locales olvidadas y en riesgo de desaparición y comprar directamente al pequeño productor o campesino. Se evitan los transgénicos o cualquier producto cultivado con el uso de químicos, con el objetivo de cuidar de nuestra propia salud y de la del planeta.

 

El éxito de la alimentación de proximidad

En cambio, actualmente, parece que hablar de la economía de proximidad y de comercio local cae más simpático que en los años 90. Quizás sea por el contexto de crisis que hemos vivido: somos más conscientes que antes de la necesidad de apoyar el comercio local. Este convencimiento se hace más fuerte si lo combinamos con la moda bio y libre de productos químicos en la alimentación. Lo natural es más sano y, ¿cómo va a ser natural una fruta que tarda dos semanas desde que es recolectada hasta llegar a nuestro plato?

Hay que reconocer que la moda de “lo local” ha calado en nuestra sociedad. Tanto es así que en ciudades como Barcelona ya se han establecido mercados municipales de venta exclusiva de este tipo de productos. También han aparecido restaurantes que tienen el slow food por bandera. Incluso las grandes cadenas de supermercado han incluido en sus secciones de frutas y verduras productos cuya etiqueta garantiza su proximidad. A primera vista, todo son ventajas, aunque, como siempre, alguien sentirá el perjuicio, como las empresas distribuidoras de mercancías de gran recorrido o los trabajadores dependientes de las grandes superficies. Aunque, por ahora, esa posibilidad parece muy lejana.

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Funciones de un abogado fiscal

La de abogado fiscal es una de las ramas por las que puede optar como especialidad cualquier estudiante de la rama de derecho, con salidas destinadas al área fiscal. Sus funciones son las de representar y asesorar a los clientes que contraten sus servicios en los diferentes temas que tienen relación con el área fiscal, es decir con los trámites relacionados con los impuestos como las declaraciones, las inspecciones de tipo fiscal.

Un abogado fiscal puede representar y asesorar tanto a personas físicas, como a sociedades que integran patrimonio o a sociedades de cualquier nivel. El trabajo del abogado fiscal se basa en su preparación en el derecho fiscal, teniendo en cuenta que su formación ha de ser continua en el tiempo, pues las leyes fiscales están cambiando constantemente.

El abogado fiscal regula los procedimientos que se emplean para obtener los ingresos de una determinada empresa, así como la gestión de los gastos de la misma. Es decir, es el encargado, entre otras funciones, de elaborar la planificación fiscal de la empresa.

Así mismo los abogados fiscales son los encargados de crear legalmente las sociedades de diversos tipos como los holdings, la constitución de empresas y todos los trámites legales relacionados con las mismas, como la ampliación o reducción de capital, la emisión y control de acciones etc. Aprobando unas oposiciones el abogado fiscal también puede trabajar para el estado, estando entonces entre sus posibles funciones las de revisar procedimientos, gestión y recaudación de impuestos, así como sancionar, hacer revisiones y emitir recomendaciones.

Si tenemos una empresa un abogado fiscal puede ofrecernos diversos servicios muy útiles como una planificación fiscal patrimonial, puede encargarse de la fiscalidad corporativa tanto a nivel nacional, como internacional si es que la empresa trabaja en otros países. De ser así también puede ser el responsable de los procesos de internacionalización de las empresas.

Pero sobre todo se encargarán de los procedimientos de investigación por parte de la Administración Tributaria: pudiendo ser estos de comprobación e inspección por parte de la AEAT, tanto de tipo parcial como inspecciones a nivel general.  Entre sus cometidos están también las actuaciones ante todos los órganos y unidades de inspección dependientes de la AEAT, administraciones autonómicas, entidades locales, etc.

Ellos llevarán también los procesos de tipo contencioso administrativo ante cualquier instancia, de ser preciso, incluyendo demandas, recursos etc.

El distrito financiero de Barcelona cuenta con diversas asesorías de tipo legal y fiscal que pueden ofrecernos todos estos servicios.

Fuente: Lliteras, asesoria fiscal Barcelona

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